El beisbol venezolano se ha convertido en el ausentismo de la fanaticada y en un show más de televisión

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Freddy Vásquez

Comunicador Social

No es por menospreciar la pasión que nos une como venezolanos, como es el beisbol profesional venezolano, pero desde hace varios años, esa pasión, esa entrega, esa fanaticada se ha venido apagando por la situación económica que actualmente atraviesa nuestro país.

Los grandes estadios de Venezuela como el parque de la Universidad Central de Venezuela en Caracas hogar de dos equipos; los Leones del Caracas y Tiburones de la Guaira, el “Chico” Carrasquel de Anzoátegui, casa de Caribes de Anzoátegui, el Luis Aparicio “El Grande” de Maracaibo, casa de los actuales campeones las Águilas del Zulia, o en Valencia, el José Pérez Colmenares, sede de los Navegantes del Magallanes, por nombrar algunos, son víctimas de la falta de insensibilidad gubernamental, falta de inversión social que hace que, esas estructuras se vayan deteriorando cada día, como todo en este país, así como los jugadores de renombre de la talla de Mario Lisón, no se encontrarán en el argot de jugadores que temporada tras temporada, formaban parte de ese escuadrón aguerrido en el beisbol nacional.

Para no perder la costumbre, inversionistas están haciendo un esfuerzo grande para llevar al público nacional los juegos de la pre y post temporada y que no sintamos esa falla deportiva, pero sin embargo, se evidencia con las intervenciones de los gerentes de cada equipo que hablan de  los cambios de horario de los juegos, unos más temprano, por ejemplo, para resguardar la seguridad de los equipos, de la fanaticada, así como el cambio de sedes, que no se ve en otras disciplinas deportivas, sin olvidar a quienes complementan esas jornadas de trabajo, como son los que venden empanadas, refrescos e indumentarias de los equipos, para generar un poco de dinero en esos cuatro meses de temporada y, tener que esperar ocho meses para volver a invertir en productos para el consumo. Sin contar los elevados precios que cada día les colocan “a lo loco” a los productos para preparar las comidas rápidas.

Otra falla grande en el deporte rey de Venezuela, y precisamente cuando se da cita a esta jornada es la desolación que existen en los estadios por la falta de público, debido a los altos costos de las entradas, que solamente convierte al evento deportivo, en un show más de las televisoras locales, regionales y nacionales y no en esa gran euforia que se desbordaba grada a grada por la enorme presencia de asistentes a los eventos, que se veían a través de las pantallas de televisión, y se podían divisar banderas, se oían cornetas, pitos y matracas, que significaban el gran fervor nacional por estar con sus equipos, apoyándolos y repitiendo un “home run”, “doble play”, “ponche”, y que hoy en día, a pocas horas de haber iniciado la temporada 2018-2019 de la LVBP, no se oye absolutamente nada y solamente se ve un porcentaje mínimo, un ausentismo total.

Solamente hace falta un milagro para que vuelvan las fiestas en los terrenos de juego, y vuelva también el tan esperado juego de las estrellas, que reunía a talentos nacionales e internacionales, consagrados en la pelota mundial.

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