Gente Común: “Venid a mi…”

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La Biblia es un mensaje de salvación. La Biblia enseña que el ser humano (tú y yo) somos pecadores perdidos delante de Dios. La Biblia enseña que todo ser humano, a causa de su pecado, está sentenciado a muerte eterna. Y la Biblia dice que la paga del pecado es la muerte.

La Biblia afirma que este Dios que ve a la humanidad con Gracia (Favor); un día tomó la determinación de enviar a Su Hijo Jesús el Señor al mundo de los hombres.

Aquel Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Jesús camina por los caminos polvorientos de la Palestina; y yo le pregunto: “¿Por qué lo haces? Y la respuesta de Él es: ¡Porque te amo! El bendito Hijo de Dios es clavado en una cruz, porque da voluntariamente su vida por los pecadores.

Sobre la cruz del Calvario el Hijo de Dios muere para cancelar la deuda de nuestros pecados. Sobre la Cruz del Calvario, el Hijo de Dios da su vida para que los que no tienen vida ni esperanza, tengan Vida en Él. Y sobre esa Cruz mi amado Salvador muere; para que en esa posición, de brazos abiertos, entiendas que Dios tiene un hueco siempre para ti. Para que entiendas que no hay ningún pecador, por grave que sea, por malvado que sea que no tenga un lugar cerca del corazón de Dios.

Después de muerto, mi amado Jesús fue puesto en la tumba, pero Jesús resucitó y, este Cristo de la Resurrección, el Cristo de la Victoria es el Cristo que puede entrar en tu vida en este momento y… cambiarla.

El Cristo de la Biblia que se acepta por medio de la fe, transformará al ser humano en un poder especial, y aquel que no tiene esperanza recibe esperanza, y aquel que no tiene fuerza para superar su situación la puede superar en Cristo Jesús.

Quiero anunciarte en el nombre de Dios a través de Su Palabra que tú necesitas a Jesucristo en tu vida si quieres cambiar no por fuera, sino por dentro.

La religión pretende cambiar al ser humano por fuera. Jesucristo cambia al ser humano por dentro.

Yo he visto personas con hogares destruidos que son reconstruidos cuando reciben a Cristo en su vida, y lo aceptan como Salvador personal. He visto malvados, ladrones, prácticamente asesinos cambiados por el poder de Dios.

El mensaje que tengo para ti hoy, no es de un Cristo religioso, ni de un Cristo artístico, sino de un CRISTO VIVO; de un Cristo que viene a tu encuentro hoy, y te pregunta: ¿Tú tienes esperanza en tu vida? ¿No quieres acaso borrar una página de tu pasado que por las noches de insomnio viene a tu mente y no te deja dormir? ¿No quieres mirar el presente con seguridad y el futuro con esperanza?

Si tu situación es de no saber qué; aquí tienes la clave: un encuentro personal con Jesús. Él te dice hoy: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Mira hoy a la Cruz de Jesús, y acércate por la fe, y desde el fondo de tu alma, pregúntale al crucificado ¿Por quién mueres Señor? Y escucharás las palabras del Maestro: “Muero ocupando tu lugar para darte perdón de pecados, y libertad, y vida eterna”.

Uno de los poetas más importantes de España, Gabriel y Galán, de niño recibió una estampita de parte de su abuela, se fue a la universidad, y años después regresó, se quedó en la casa de su abuela, una noche no podía dormir a causa de los truenos, fue a la biblioteca, tomó un libro de lectura y se abrió dónde estaba la estampita del crucificado.

Aquella noche no fueron los truenos de una noche lluviosa lo que no lo dejaron dormir, más bien no durmió por el impacto que le produjo el crucificado. Muy temprano en la mañana tomó un pedazo de papel y escribió estas palabras:

(…)

Con su frente de Dios horadada,

Con su rostro de Dios dolorido,

Con sus ojos de Dios entreabiertos,

Con sus labios de Dios amargados,

Con su boca de Dios sin aliento…

¡Muerto por los hombres!,

¡Por amarlos, muerto!

(…)

Este es Jesús, y este Jesús viene a tu encuentro hoy, al encuentro de todos nosotros, con una simple pregunta ¿Necesitas renovar tu compromiso de fe hoy? Necesitas decirle a Jesús: “Señor perdóname, he vivido lejos de ti, pero vuelvo a ti”. Formúlate hoy estas interrogantes: “¿Dónde está Jesús hoy en mi vida? ¿Lo tengo colgado del cuello en alguna imagen? ¿Lo tengo colgado en un cuadro en algún lugar de mi casa?

Así solo, no sirve para nada ese Cristo. Solo cuando Cristo está en tu vida, tienes perdón de pecados, y vida eterna. Tal vez tu hogar tiembla; tal vez tu vida se deshace; tal vez tendrás una pregunta que no tiene respuesta. Si esta es tu situación; te invito que allí donde estás, leyendo estas líneas, en un acto de fe personal, digas a Jesús: “Señor te recibo como mi Salvador personal, te doy mi vida hoy”.

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”.

Oscar Gómez

*Abogado / Lcdo. en Teología

Twitter: @PastorOscarG

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