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Desde la época de la colonia, buscadores de fortuna han destruido el hábitat de la zona minera venezolana dilapidando riquezas, antes lo hacían a escondidas, ahora con el decreto firmado por el régimen, se le dio carta blanca a la devastación

Luego de la caída de los precios del petróleo experimentada en 2009, el gobierno del entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez se volteó hacia otras riquezas naturales del país como el oro y otros minerales altamente cotizados en los mercados internacionales.

Esos minerales se encuentran en abundancia en un área de 111 mil kilómetros cuadrados (12% del territorio nacional), al sur del rio Orinoco en el estado Bolívar, esa zona es conocida como Arco Minero.

Desde siempre ha existido la minería ilegal en esa zona y la disputa por los territorios, pero hasta ese momento, sólo se trataba de pequeños grupos que funcionaban clandestinamente.

En 2016 vuelven a caer los precios del petróleo a niveles históricos y otra vez las riquezas minerales se presentaron como la mejor opción para cubrir el hueco fiscal creado por el enorme gasto público que tenía la “revolución” bolivariana. No hay que olvidar que además de dicha caída, está la multimillonaria fuga de capitales producto de la corrupción, develada posteriormente, en la industria petrolera.

Cuando en 2017 hicieron el anuncio del plan Arco Minero del Orinoco, en el mensaje de los voceros del gobierno central se reiteraba constantemente que el objetivo era “regularizar la compra venta del oro, en una zona donde la lucha por el territorio ha sido la lucha por varias décadas”, como lo decía Jorge Arreaza cuando era el Ministro de Minas. Llegaron a asegurar que por este concepto “podrían ingresar a la nación hasta 4.000 millones de dólares” los cuales serían “indiscutiblemente” invertidos en planes sociales.

Esta extraordinaria explotación minera, que buscaba ingresos rápidos, implicaba una destrucción socioambiental sin retorno en un extenso territorio y además traería como consecuencia el etnocidio de los pueblos indígenas habitantes de la zona. Un complejo problema con muchas aristas.

Las denuncias se hicieron hasta la saciedad. Ambientalistas, expertos, líderes indígenas, estudiosos se mostraron contrarios a abrir esta apreciada zona para la explotación indiscriminada.

Pero se hicieron de oídos sordos, y se anunció como un gran logro la activación del plan Arco Minero del Orinoco, donde además del oro, había la posibilidad de extraer el apreciado coltán, la bauxita y otros minerales. Un menú apetecible capaz de llenar los bolsillos de quien lo manejara, sin importar que su extracción genera pérdidas irreparables.

Destrucción en las entrañas

Lo que nadie imaginaba era que dentro de las maniobras de la dictadura se permitiría la presencia de grupos irregulares en la zona, otorgándole extensas y definidas áreas para la explotación minera.

A juicio del diputado exiliado, Américo de Grazia, el sur del Orinoco quedará ingobernable luego de que el dictador Nicolás Maduro caiga, ya que la zona ha sido divida entre los grupos irregulares que han tomado el control y extraen la riqueza minera sin que haya algún tipo de pago o compensación al estado venezolano.

El parlamentario, quien es oriundo de la zona, ha denunciado en diferentes oportunidades que entre los grupos están los disidentes de la Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia FARC, los del Ejército de Liberación Nacional; ELN, miembros de grupos terroristas como Hamas y Hezbolá, además de los líderes de las cárceles conocidos como “pranes”. El Observatorio de Ecología Política de Venezuela incluye además en esa lista a los “sindicatos” señalando que operan en la Faja del Orinoco, Hugo Rafael Chávez Frías.

Américo De Grazia

El parlamentario De Grazia denuncia que en la zona lo que opera es “el quítate tú para ponerme yo” desde el punto de vista financiero. Las acciones que emprenden no buscan acabar con la mafia, si no, intentan eliminar las élites financieras o grupos económicos que manejaban la parte minera, y a quienes les pasaron una carta de despido para que se retiraran alegando que estaban siendo solicitados por traficar oro. Fue para ocupar el negocio por otros que fuesen aliados al régimen. En el caso de la operación física, quien opera la mina abajo (como en el caso de Icabarú), a esos no les pasan una boleta de despido sino que los matan, los decapitan, los pican. Si una persona se lleva la luz roja del semáforo le dan un tiro en la pierna y eso lo graban”.

Recalca que hay zonas que antes no estaban incluidas en el Arco Minero y que ahora lo están. “Maduro en febrero de 2016 pinta un Arco Minero y ocupa de acuerdo al decreto 111.840 kms cuadrados, un espacio superior a Panamá, Cuba, Portugal o Bélgica. Ocupa el 12% del territorio nacional y casi todo el estado Bolívar. Pero en la práctica pasa a tener el 50% del territorio porque se hace minería en todo Amazonas, Bolívar y Delta Amacuro. El Parque Nacional Canaima no estaba en el Arco Minero del Orinoco, pero allí hay minería, masacre y desplazamiento del pueblo indígena”.

Asegura que ahora hay minería en los nueve parques nacionales de la zona, es decir en todo Delta Amacuro. Afirma que han sido ubicadas a través de satélites más de 1.900 minas, pero podría haber más. Denuncia que en esas minas están los grupos irregulares armados, y que no conocen sino su ley. “En las minas de coltán, ubicadas en Parguaza, al sur del municipio Cedeño dentro de estado Bolívar. Debajo de la capital Caicara del Orinoco, cercano a Puerto Ayacucho y San Fernando de Apure, es la única mina de coltán que conozco, está custodiada por el ELN. Esa mina la maneja, y de ella se financia y beneficia de manera directa Nicolás Maduro Guerra, el hijo de Nicolás Maduro Moros. Hay otras donde el beneficiario es Maikel Moreno [al frente del Supremo de Justicia chavista], y así. Otra la tienen los militares, y otra los ‘pranes’ de las cárceles. A ellos los incluyeron en el reparto”.

La violencia generada por los grupos irregulares ha afetado severamente a las poblaciones venezolanas originarias del lugar. Además la destrucción de la naturaleza donde se ha desplazado la rica biodiversidad de la zona. Éstos serán temas tratados en próximas entregas.

ELKIS BEJARANO DELGADO /Diario de las Américas

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