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“Las masas humanas más peligrosas son aquellas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo…. del miedo al cambio”.
Octavio Paz

Es para una profunda reflexión lo que pasa hoy en Venezuela. Durante 20 años hemos visto los días pasar subestimando a unos señores que llegaron al poder con la firme intención de quedarse para siempre en él, al costó que fuese necesario, incluso sacrificando al pueblo que una vez creyó en ellos y que hoy, vive las miserias de una revolución que está aplastando las esperanzas y minando la fé de todos los que habitamos en este país.

Si hay algo cierto es que no hubo engaños en el objetivo principal de este proyecto hegemónico de poder.

Debemos todos remontarnos a finales de los 80 y principios de los 90, cuando el ya fallecido Hugo Chávez ofreció que iba hacia la transformación de Venezuela en un estado “socialista” y a aquella nefasta promesa de que navegariamos en “el mar de la felicidad en el que vivía el pueblo cubano”.

Veinte años después, tenemos una nación desvencijada, víctima de un modelo político totalitario, donde la miseria y las privaciones son cada día mayores. Bajo un modelo donde la propaganda “Goebbeliana” inundó la escena política del país bajo promesas de igualdad social y humanismo, que solo se han traducido en hambre, inseguridad, enfermedad, falta de servicios básicos y la mayor debacle económica de la que se tenga memoria en nuestra historia.

Lograron sin prisa pero sin pausa, dominar tres estadios fundamentales para lograr el control de la población. Se metieron en la psiquis de un pueblo que quería un cambio con la oferta engañosa de la lucha de clases, dominaron el sentimiento con las consignas del patriotismo y el bolivarianismo y por último, y quizás el más importante estadío, el de la necesidad; controlar a través del estómago, al pueblo que se hace cada vez más dependiente de “papá estado” que hoy está quebrado y no tiene capacidad de respuesta ante el calvario que vive la población.

Hoy los venezolanos, después de dos décadas no vivimos mejor, nos hemos visto envueltos en un maremagnum social que ha dividido familias, ha sembrado el odio entre conciudadanos y que ha obligado a miles de compatriotas a reducir su vida a una maleta, con la esperanza incierta de conseguir las oportunidades que hoy se le niegan en su patria, de tener una vida digna más allá de nuestras fronteras.

Somos nosotros los venezolanos los únicos responsables de definir nuestro futuro como nación. Nos hemos dejado arrastrar por la apatía, hemos dejado que nos empujen al caos inducido, nos hemos acostumbrado a que nada funcione y a utilizar la desgracia del vecino, como instrumento de nuestra propia supervivencia.

Tenemos mucho por hacer en nuestra patria. La reconstrucción de Venezuela, de esa nación prospera, rica en lo material, en lo espiritual y en lo humano que muchos conocimos depende responsablemente de todos los ciudadanos. No es sólo trabajo de la clase política, a la que también debemos reclamar coherencia, unión, unidad y compromiso más allá de cualquier interés o apetencia individual o partidista. Venezuela requiere una profunda transformación en lo social, en lo económico y en lo espiritual y esa es tarea de todos y cada uno de los venezolanos.

José Manuel Rodríguez
Analista / Consultor Político
josemrbconsultor@gmail.com
@joserodriguezasesor

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