De Kemper al coronel psicópata

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Dr. Crisanto Gregorio León.

 “Si queremos vencer cumplidamente, nuestras convicciones tendrán que ser más fuertes que nuestras dudas, más fuertes que la adversidad.”

Yasmina Khadra

Este asesino engañó al sistema psiquiátrico de los estados unidos, Edmund Kemper quien creció en un hogar disfuncional, fue enviado a vivir con sus abuelos durante su adolescencia a quienes les disparó con una escopeta. Cuando fue detenido declaró que le disparó a su abuela por la pura curiosidad de hacerlo y a su abuelo porque se molestaría al ver la escena del crimen.  Pasó 6 años en un hospital psiquiátrico y tres años después de su salida iniciaría su carrera criminal. Entre 1972 y 1973 abusó, asesinó y seccionó a 6 jóvenes estudiantes, así se ganó su alias “el asesino de colegialas”. El 15 de septiembre de 1972 Kemper recibió la visita de algunos psiquiatras que le darían seguimiento a su estado mental, quienes lo declararon completamente sano y que ya no representaba un peligro para la sociedad y mientras mantenía dicha entrevista la cajuela del auto de Kemper guardaba la cabeza de una joven que asesinó la noche anterior. 

Como pueden darse cuenta los psicópatas engañan a cualquiera haciéndose pasar por gente sana y si este psicópata asesino Edmund Kemper pudo engañar al sistema psiquiátrico de EEUU, imagínense nada más como ha engañado el coronel psicópata a un cúmulo de funcionarios de la institución que ni siquiera son facultativos de la mente. Y hasta en un desayuno que le invitó el coronel psicópata donde entre los comensales estuvo Abacaxi el gozón, además de un alegre facultativo del cuerpo, del soma y no de la psique, que logró ser convencido por el coronel psicópata para que no continuara divulgando lo que leía en los medios y en las redes sociales sobre él y que no le prestara importancia a lo que se daba a conocer sobre su trastorno de la personalidad y que incluso bloqueara tales noticias en su whatsapp, que no las difundiera y el médico acomodaticiamente le hizo caso. ¡Se habrá visto! ¿Entonces este galeno cayó en el engaño de los cantos de sirena del coronel psicópata? Porque me niego a creer que haya recibido por este “favor” la dispensa de hacer corrupción en la institución. Voto más bien que al igual que los psiquiatras de Kemper, el médico haya sido engañado por el coronel psicópata. ¿Habrá sido así?

Los psicópatas como este coronel, son personas que hacen uso de una astucia siniestra, donde la artera sagacidad, la sutileza, el ardid, la treta y la artimaña les sirven para engañar y lograr sus objetivos de manipulación, control y corrupción. El astuto coronel por el hecho de demostrar petulancia, vanidad o terquedad se convence a sí mismo y lo lleva a creerse más hábil y mejor que los demás, teniendo siempre a mano una añagaza para lograr un propósito insano.  

Como el caso de haberse burlado ex profeso de este médico que prefirió obedecer al coronel psicópata que creer en las evidencias empíricas que pudo obtener en sus estudios de pregrado. El taimado coronel es un ignorante que no sospecha de sí mismo creyéndose prudente, cuerdo y de buen juicio, porque es la versión que su narcisismo le aporta a su menguada masa gris cerebral.

Así como a Kemper los psiquiatras lo declararon sano y que no representaba ningún peligro para la sociedad, esta médico sin mayores elementos y sin haber ni siquiera leído el historial del coronel psicópata, luego de aquel desayuno sobornario, prefirió correr la voz entre sus correveidiles, que hicieran caso omiso porque el militar nunca más ascendido era un hombre sano.   

Puntualicemos que los psicópatas como este coronel depredador social, se dan a la tarea de difamar y desprestigiar a sus víctimas y a mal poner todo aquello y a quienes lo dejen en evidencia, para distraer la atención sobre sí y que la gente voltee la mirada hacia otro punto que no sea él. Así el coronel psicópata de victimario y de depredador social, se hace pasar por víctima y por presa. Ese es el juego de la confusión ideado por los psicópatas para distraer la atención.  En casos como este cobran tanta vigencia los dichos populares como este: “No hay peor sordo que el que no quiere oír y no hay peor ciego que el que no quiere ver”. Pero de igual modo  “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”.

A cada minuto se genera en la institución una noticia de corrupción alcahueteada y liderada por el coronel psicópata. Pero también solapada por aquellos funcionarios internos que mantienen su propio nivel de corrupción. El estatus interno que da la corrupción bajo el amparo de la psicopatía delictiva del coronel nunca más ascendido, es comparable a una inundación producto del desbordamiento de aguas cloacales.  

¿Te has tratado de explicar cómo se puede mentir tanto sin escrúpulos, sin inmutarse, sin mostrar ningún atisbo de vergüenza, sin temblar, sin sonrojarse, sin titubear? Al contrario, somos nosotros quienes sentimos vergüenza ajena solo de saber cómo el coronel psicópata manipula y controla para mal , para la maldad y para hacer corrupción a la gente de la institución ¿Cómo se puede tener una doble moral y personal tan gruesa, simular ser una víctima propiciatoria y ser en realidad un verdugo sin límites? ¿Cómo se puede ser tan cínico e hipócrita, decir y preconizar lo contrario de lo que se hace? Justificaciones infantiles o perversas, engaños descarados. ¡Nos parece tan sorprendente que no nos lo podemos creer! Pero todo tiene su explicación en la psicopatía.

Pensando en ello, releemos El Psicópata (Vicente Garrid,-Algar Editorial, Alcira 2000) El subtítulo del libro es: “Un camaleón en la sociedad actual”, aludiendo el adjetivo de camaleón, por un lado, a la capacidad que tiene tal animal de camuflarse, de fingir ser lo que no es realmente, adaptándose fácilmente a los caracteres del entorno donde se mueve, para aparentar “ser igual que los demás”, (para no despertar sospechas a la futura presa). Como dicen muchos, “ser personas normales”; por otro lado, el subtítulo se refiere también a que el camaleón es un reptil, y como tal le caracteriza su sangre fría y su carencia de emociones.        

Robert Hare, el más importante investigador en la materia dice: los psicópatas sufren un déficit en la integración del mundo emocional con el razonamiento y la conducta. El sujeto psicópata presenta la imagen de una persona preocupada por sí misma, cruel, sin remordimientos, con una carencia profunda de empatía.

Las fuentes de este carácter se encuentran en el medio familiar, social y educativo. Ser psicópata se aprende también en el entorno. Se hace en un alto porcentaje en el proceso de socialización, donde se aprenden y se practican las normas de convivencia con los demás. Este proceso es iniciado por la familia, con sus relaciones afectivas y comportamentales asentándose después en la cultura aprendida. El psicópata crece en una familia de relaciones afectivas frías indiferentes pobres, sin vínculos segurizantes. Es claro que el cinismo impera dentro del ámbito familiar. El niño mama y aprende lo que ve. La educación es en general autoritaria, con normas rígidas donde prima la obediencia (al orden establecido). Están inclinadas a obedecer a la autoridad y actuar punitivamente con las personas que no tienen poder –rasgos de la personalidad autoritaria–. Se encuentran cómodas en las relaciones jerarquizadas (unos mandan y otros obedecen). Cuando la obediencia es el valor más elevado la autonomía es imposible. Cuando no ven una autoridad clara y no hay órdenes que seguir, a estos sujetos solo les queda el vacío, el mundo es amenazante, lo ven como un caos. Este es el retrato infantil del coronel psicópata.

«La gente cree lo que le conviene».

Yasmina Khadra.

crisantogleon@gmail.com

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