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Antonio Ledezma.

Aunque han transcurrido ya 29 años, las heridas ocasionadas por los movimientos golpistas escenificados los días 4 de febrero y 27 de noviembre del año 1992, siguen más abiertas que nunca. Aquellas andanzas sediciosas brotaron del vientre de esa logia militarista que llevaba mucho tiempo cocinando esas intentonas, hasta que encontraron apoyo en algunos factores resentidos que no habían podido superar sus fracasos en la arena política y económica del país, a los que el presidente Carlos Andrés Pérez calificó como los miembros de “La Rebelión de Los Náufragos”. La metralla buscaba liquidar la vida de un líder en pleno desempeño de sus responsabilidades como Jefe de Estado, esa vil acción fue frustrada por el valor que siempre caracterizó la vida de Carlos Andrés Pérez y por el firme respaldo a la democracia de la inmensa mayoría de los integrantes de la Fuerza Armada Nacional que paro en seco aquellos desafueros cuarteleros.

Al día de hoy siguen en carne viva las heridas producidas desde entonces y una ciudadanía fluctuando entre el abatimiento y la esperanza, viendo a cada lado el lodazal donde patinamos, la adrenalina turba la necesidad de pensar para vislumbrar una senda para salir de esto. De un paraje a otro se ven los despojos de las instituciones hechas añicos por desaforados regentes que no saben de reglas del juego y avanzan como una tromba aupados por los que padecen de ceguera y solo se dejan guiar por el zumbido de una rabia que los aturde y los menea, los agita, los empuja hacia ese abismo en el que nos zambullimos y en donde las burbujas de aire nos explotan en la conciencia. No atinamos a ver el fondo tupido por las nubes de la pulverización de cuanto estorbaba a los fines de la revolución.

¿Qué hicimos, por Dios? ¿En manos de quienes pusimos las riendas del país? ¡Mira el Banco Central para lo que quedó, para ser una imprenta donde se imprimen billetes que no alcanzan para nada y son pruebas fehacientes de la ruina del país! ¡Mira a donde fueron a parar nuestras reservas en oro! ¡Mira cómo nos han hipotecado y lo que sobresale ahora es el murmullo que habla de la forma inaudita como se ha liquidado económicamente a un país inmensa y materialmente rico!

Pero eso es una vista parcial del paraje. Cuando giramos al punto opuesto en otro andurrial yace la moral con un color de mosca muerta. Eso es lo más delicado, lo que más nos angustia. La quiebra moral de un país que habrá de requerir de los más supremos bríos para reanimarlo. Y no me refiero a la moralidad que algunos relativizan en la actualidad mirándose en sus egoísmos, sino a la destrucción de los valores superiores que nos han dado entidad como nación, en medio de muchos tropiezos.

La infraestructura, los sistemas eléctricos, las plantas físicas de escuelas, universidades, hospitales, los sistemas de riego, los acueductos, todo eso reflotará, los que estén maltrechos, y se elevaran como novedad los que hagan falta. Para eso contaremos con talento humano, cemento, cabillas, petróleo, aún con estos precios y en medio de esta bancarrota pero bien administrados, más los auxilios financieros que conseguiremos en los organismos multilaterales del mundo, más los capitales robados que rescataremos y los capitales que repatriaremos, más los tributos de los ciudadanos, nos empinaremos sobre estas ruinas heredadas con la voluntad de rehacer el país que merecemos. Pero la moral, repito, los valores, los principios, la espiritualidad, esos no salen de un pozo petrolero ni de una mina de oro, no dependen de cómo se mueva el balancín ni con que fuerza se deje caer el martillo, ni a que temperatura están las celdas para cocinar el aluminio.

Esos activos, los morales, no se tramitan en las taquillas de un ente financiero internacional. Eso depende del alma de los ciudadanos. Eso podrá surgir si mezclamos un denodado arrojo con compromiso fiel a un proyecto de vida que escape al clientelismo, que se libre de los rencores y de las desatadas ambiciones individuales, de los astutos, avispados y cándidos, para que más bien se vean haciendo brazadas para remar en una misma dirección junto a los venezolanos de buena voluntad.

@alcaldeledezma

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