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Nuestra eterna palabra de pesar.
Hace dos años, se despidió del plano terrenal, para ir al encuentro de Nuestro Padre celestial, el admirado maestro, escritor y poeta Teodardo González; a quien me correspondió el honor de prologarle varios de sus textos.
Me sentía complacido al calificarlo como nuestro digno nonagenario de las letras.
Recuerdo que me dijo, ya casi en su despedida:»creo que este será mi último libro».
Premonitoria percepción de su prolífico tramo existencial
Así figuraba en sus letras a Tucupira, nuestra ciudad capital :

«Tesón milenario del Padre Orinoco,
dio la contextura de puro aluvión;
hollado y sudado en un amasijo,
con el aborigen de nuestra región.
Terrón prodigioso por su fértil suelo;
motivo que indujo a la “fundación”.
Esperanza cierta propios y extraños,
que al lar guarnecieron con fe y con pasión».

Mucha luz, ductor de generaciones.

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