Hambre, sol y plaga: la otra realidad de la que no se habla sobre niños warao en su traslado a Tucupita

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FOTO TOMADA DE INTERNET

La crisis social ha conllevado a las penurias de todos los venezolanos, pero un sector del que poco se habla y el más vulnerado ha sido el de los warao de Delta Amacuro.

Hay un silencio. Todos intentan hacerse de la vista gorda ante la situación crítica que viven los originarios todos los días.

Más allá de la selva, están los aborígenes, los verdaderos dueños de la tierra del Delta del Orinoco, sin embargo, han sido los menos beneficiados de gozar de ella.

En un intento por sobrevivir han sacado provecho a la producción que los caracteriza, cosechan su propio futuro. No quieren depender de nadie.

Pero no basta, no ha sido suficiente cuando está la necesidad de arribar a Tucupita, o Barrancas del Orinoco, en Monagas, para abastecerse de comida, los que no pueden adquirir en la selva del Bajo Delta.

Atrás han dejado los “viajes rápidos”, ahora es más lento, uno que dura al menos tres días en una curiara y a canalete.

La falta de la gasolina que ha golpeado a todo el país, los condujo a esta travesía y sin querer habían retrocedido más de 50 años, según cuentan los ancestros ya lo habían vivido.

Un viaje de al menos tres días en el que también se ven afectados los más pequeños de la casa, donde son obligados a soportar hambre, sol, frío por las noches y picaduras por los zancudos.

No obstante, este tema ha sido callado. Esta travesía que tienen emprender casi todos los días, lo viven también ellos y, sí, son warao.

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