Loa a la Amistad

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M.G. Hernández

Con eterna gratitud a Margaret y Alejandra por hacerme sentir en casa.

La vida te lleva y trae a través de los años. Como irreal muchas veces extrañamos personas o animales que con el tiempo nos parecen espejismos del desierto porque la distancia no nos permite alcanzarles.

Pero también nos asombra la circunstancia que, nos abre suavemente la puerta para un parvo, pero a la vez sólido encuentro. Esto me pasó este otoño, cuando aterrizó en mis manos la fortuna de un viaje inesperado que, aunque no resultó como planeado, me llevó a una causal visita, especial, esclarecedora y misteriosa.

Allende en el tiempo, Margaret cruzó mis rutas en momentos duros, cuando obligada por las circunstancias había tomado estrictas medidas de alejamiento al unísono, con un familiar y una pareja; lo que me estaba tomando un tiempo de reflexión y pena. Esta “forastera” irrumpió mis días suavemente, como el agua fresca del río que pasa entre las rocas casi sin tocarlas y, acompañó mis vicisitudes con solidaridad y una mano bondadosa en la que me apoyé sin cortapisas.

Viajamos por las montañas de los andes venezolanos, respirando un aire diferente lleno de esperanzas. Compartí con ella filosofías de grandes pensadores, opiniones más allá de lo físico, entrando en lo divino. En una ocasión remontamos las subidas agrestes de los páramos para deambular entre paisajes donde definitivamente encontré a Dios en la inmensidad y belleza de su creación. Por las noches, se prendían los fogones para tender sobre la parrilla jugosos trozos de ternera y las copas de espectaculares hongos portobellos, en tanto gustábamos de bebidas espirituosas buscando calentar nuestros huesos del frío. Los inmensos eucaliptos acaparaban nuestra atención al cimbrar el aire andino su cintura, llevando a nuestros pulmones la bendición del fragante olor de sus hojas. Fueron noches fabulosas de lectura, cuentos, añoranzas, risas y una que otra tristeza para hacerlas normales, pero no menos placenteras que tumbarse en un campo de papas para palpar la magia del negro infinito donde las estrellas no pueden ocultarse

No hace falta detallar más los momentos que determinaron una amistad verdadera, lejos de los contaminantes intereses sociales o económicos y, a pesar de que el tiempo trató de sembrar amnesia en nuestra mente, este sorpresivo viaje pareciera haber estado acordado con antelación por nosotras mismas.

Llegué hasta su nueva ubicación en la geografía. No había montañas que escalar, ni negro cielo. Tampoco se sentían las bajas temperaturas propias de la estación para disfrutar de un hogar enardecido; lo que si había de sobra eran memorias compartidas.

Es lamentable en estos reencuentros, no poder evitar recordar las pecas que dejaron otros en nuestra inmaculada relación, pero a la larga, es una gran verdad, que el tiempo es la mejor medicina y cura a tal asignatura.

He de contar que no solo un salón fue suficiente para nuestras tertulias, también largas caminatas entre la naturaleza alrededor de un estanque lleno de animales que, por costumbre, ya ven al hombre como amigo. Me asombraron los grandes troncos de árboles añosos que no podía abarcar entre mis brazos pero que si acogían con deleite la oración que hacía mi amiga cuando empezábamos a andar entre sus campos, donde indudablemente ellos eran majestades.

Fue ilustrativo ver a mi amiga con unas pinzas extensibles, levantar la basura que insensibles dejaban al borde de las largas caminerías y el estanque, dejando así el verde del paisaje limpio y lustroso con todo el esplendor del día.

Muchas campanadas se oyeron en el fondo de largos coloquios cuando ni el sueño acaparaba la atención debida y que nos llevó a darnos cuenta que el tiempo arrasa todo sin misericordia alguna y, solo el esfuerzo de nuestras neuronas conseguiría traernos el ayer al hoy, como una peli en technicolor.

Sin embargo, como lección aprendida, debemos dejar ir lo andado, guardarlo en un cofre de sándalo como fotografía, dejando en nuestros corazones solo la pureza de emociones sinceras, que son el bagaje que nos da alegría.

“Un amigo es aquel que, a pesar de las distancias, , sus corazones y sus pensamientos siempre están juntos sin importar el lugar donde se encuentren”

“No porque tu amigo tienes defectos lo dejarás pasar sino fíjate en sus sentimientos y que son lo principal para la amistad verdadera”

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