Nuestra Óptica: Tristeza e impotencia en rostros de los abuelos

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Gerónimo Figueroa Figuera
CNP 569

¡Definitivamente! No hay ninguna duda que para Nicolás Maduro los pensionados y jubilados venezolanos representan una seria amenaza para su régimen de terror, tal como quedó demostrado el miércoles 9 de marzo con el despliegue de sus cuerpos represivos en los alrededores de la Plaza de La Moneda, diagonal a la sede principal del Seguro Social en Caracas, en la manifestación pacífica convocada por FEN AJUP, GENTE UNIDA, RENAVEC, MURAD, FMV, FETRACALZADO, FENACOMUNAL Y LA ASOCIACIÓN DE JUBILADOS DEL SEGURO NSOCIAL, entre otros. La concentración fue para protestar por el mísero sueldo mensual de siete bolívares que representan un dólar con 20 centavos y la burla que representa el tan cacareado aumento a medio petro anunciado por el propio Nicolás el jueves 2 de marzo, que solo equivale a 30 dólares, cantidad que se queda muy pequeña para poder alimentarse.

La cita en la plaza de La Moneda estaba pautada para las 9 de la mañana, nosotros llegamos sobre las 9 y ya la presencia de los abuelos se notaba. Sus rostros arrugados quizás, no solo por la huella que dejan los años de existencia, sino por el cansancio y la impotencia que se genera al no tener respuesta de un régimen que ha demostrado que poco le importa los abuelos de tercera edad, por cuanto para esa protesta pacífica en vez de enviar un funcionario a darles esperanzas por el justo pedimento, envió matones armados hasta los dientes para amedrentarlos. Muchos de los abuelos portaban pancartas alusivas a lo indignante que representa el pago de pensiones y jubilaciones. También portaban cartelitos pidiendo se aplique el articulo 91 de nuestra Constitución Nacional.

Los policías nacionales, guardias nacionales y Sebin, además del armamento que cargaban, algunos de ellos de forma provocadora tomaban fotos desde sus celulares y enviaban, se supone que a sus respectivos cuarteles. Cuando vimos el despliegue policial en la plaza de la Moneda para amedrentar a los abuelos, reflexionamos en voz alta en ese momento: “si ese despliegue policial lo hicieran para buscar a las megabandas que azotan a la ciudadanía en barrios populares y urbanizaciones, los malandros estarían en etapa de extinción. También vimos muchos individuos con el pelo corte cepillo y lentes negros que a leguas los delataba como policías civiles (los llamados sapos).

Mientras avanzaba el tiempo los abuelos seguían llegando a la plaza de La Moneda y a eso de las 12y30 meridiano y 1 de la tarde, nuestros cálculos son unas tres mil a cuatro mil personas presentes, y por lo que vimos, la mayoría eran abuelos, y muy poca presencia de jóvenes. Abuelos que no solo con el rostro marcado por el tiempo transcurrido en sus vidas, sino se notaba claramente lo flaco de sus cuerpos seguramente por la mala alimentación recibida. Porque con un dólar con 20 centavos que hasta los momentos no se compra nada y con el medio petro de Maduro equivalente a 30 dólares que no se sabe cuándo comienzan a pagar, es verdad que se comprará un poquito mas, pero nunca mas allá de cuatro días de alimentación mensual.

Al ver a tantos abuelos juntos se me despertó el gusanillo de periodista que soy, y decidí hacer una encuesta entre algunos de ellos para ver como estaban sus ánimos. Me acerqué a una pareja y saludándolos les dije que era periodista, me saludaron amablemente y me preguntaron mi nombre. En la conversación ella me dijo llamarse Flor y que era profesora de educación media jubilada y que sus ingresos eran 7 bolívares por pensión, 10 bolívares por el bono de guerra, 20 bolívares por concepto de jubilación, un bono de 15 bolívares llamado de máxima eficiencia y otro bono de 46 bolívares llamado de complementación. Y sin que le preguntara, él me dijo que se llamaba Félix y que recibía lo mismo que su esposa. Di un choque puñitos y me despedí.

Luego me encontré con otra pareja que dijeron ser sargentos de la desaparecida Policía Metropolitana de Caracas, siendo Carlos fue el primero en hablar, manifestando que por pensión eran 7 bolívares y 10 por el bono de guerra, pero por jubilación cancelada por el Gobierno del Distrito Capital era 22 bolívares, el bono de eficiencia por 15 bolívares y el de complementación de 46 bolívares. O sea, prácticamente lo mismo que los profesores jubilados. Y cerrando la encuesta me topé con una señora blanca como de 1,70 de estatura y de 74 años de edad, me dijo llamarse Carmen, pero que le dijera “maestra Carmencita” porque así le decían sus alumnos cuando estaba en clases. Le pregunté que si todavía estaba activa y me dijo: “no mijo, hace mucho que me jubilaron”. “La maestra Carmencita” como jubilada y pensionada, además de ganar lo mismo que los profesores de educación media anteriores, me hizo recordar a mi maestra Carmen Marcano de cuarto grado de primaria, pero no por lo de “Carmencita” sino por la forma de decir las cosas como educadora.

Estos abuelos son los considerados por Nicolás Maduro Maduro como de “alta peligrosidad” y por eso envió a sus cuerpos represivos a enfrentarlos.

@lodicetodo

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