Insensibilidad ante el colapso del hospital Razetti de Tucupita

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Frank González

   El problema de la salud en el Delta, ha adquirido una connotación dramática, que tiene muchos visos de las grandes tragedias que han fustigado a esta noble y sufrida región, como fue la creciente del rio Orinoco en el año 1943.

Hoy día todos los establecimientos de asistencia a la salud se encuentran colapsados por completo, sin la menor esperanza de volver a prestar un servicio eficaz o verdadero. Además, el hospital Luis Razetti; su actual infraestructura es obra del exgobernador Luis Fernando Aranguren Cabral, y durante su administración se le dotó de todos los insumos y servicios pautados por la medicina; hoy día, dicha institución atraviesa la peor situación de su historia: no hay material médico quirúrgico, no hay medicamentos para atender las emergencias, no hay lencería, el servicio de laboratorio desapareció; carece asimismo, de áreas para terapia intensiva, de atención para pacientes con problemas de quemaduras.

   Igualmente, brillan por la ausencia servicios fundamentales que no pueden faltar en ningún hospital de la capital de una provincia, como: resonancia magnética, tomografía, mamografía, biopsia, entre otros. En la actualidad el histórico y legendario hospital Luis Razetti, donde ilustres galenos como: Rodes, Delfín Mendoza, Revollo, Espinoza, Fernando de Unceta, Pereira Paiva y otros; sirvieron a la colectividad deltana en los momentos más cruciales, salvando vidas con la más noble voluntad y el más honesto profesionalismo, luce como unas simples cuatro paredes donde solo se observa la frustración y la desesperanza de médicos y personal de enfermería, además a todo el personal que labora en las diferentes áreas del complejo hospitalario. En el caso de verse impedidos de prestar el deseable servicio ante la negatividad de la desidia, la incapacidad y carencia de responsabilidad del gobierno regional.

   Por ejemplo, el Delta hoy se ha convertido en el reservorio de todas las enfermedades endémicas propias de los países subdesarrollados, es espeluznante la insensibilidad y la indolencia de las autoridades ante el gravísimo problema de salud que enfrenta la región, para quienes pareciera más importante los intereses personales y partidistas que los de la sociedad deltana donde, que depositó su fe en ellos para que atendieran a sus cuantiosas y graves necesidades; así pues, una comunidad sin salud, no tiene futuro posible.

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