Bajo el fuerte sol, con sed, y con hambre, ellos remaron por tres días a Tucupita para buscar comida

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Foto: archivo.

Bajo el fuerte sol, con sed y con hambre, ellos solamente esperaban por estar ya en el puerto de Volcán, localidad al sur de Tucupita, estado Delta Amacuro.

Era viernes 2 de octubre del 2020, en su despensa ya no había nada para elegir y poner a cocinar, apenas algunos kilos de granos secos de maíz que les había quedado de una cosecha de unos meses atrás, pero ya no sería suficiente para cubrir los otros días.

Se trataba de elegir entre quedarse y resistir al hambre, o zarpar a la capital deltana, para surtirse de alimentos y algunos medicamentos.

En otras épocas se hablaba de viajar en motores fuera de borda, este no sería el caso, ellos tampoco escapan de la coyuntura que presenta el servicio de combustible en todo el país, y más si se está en la selva de Delta Amacuro. Esto los hacía buscar otro método. El canalete (remo) y la curiara (canoa).

Así fue entonces que la familia de 5 integrantes decidió emprender el viaje, uno que duraría al menos tres días, lo que en una de esas máquinas fuera de borda solo tardarían tres horas para llegar al puerto de Volcán.

La familia vive en Araguaimujo, una comunidad indígena que se ubica en el Delta Medio del municipio Antonio Díaz.

Cada uno tomó su canalete para surcar y encontrarse con uno de los ríos más importantes de América del Sur, el Orinoco. Ya casi empezaba a esconderse la luz del sol.

Llegó la noche, había frio, también cansancio. Los zancudos no se hicieron esperar. Debían parar, eso quisieron, pero el viaje apenas estaba empezando. No había tiempo para ello, tenían que seguir.

Una curiara de al menos cinco metros de longitud y uno de alto, no lo hacía tan seguro. Los salpicones de agua los mantenían con los ojos abiertos. Además de la incomodidad de querer estirar sus piernas en esa pequeña barca.

Amaneció y ya habían recorrido una gran parte, pero lejos aún de aquel esperado puerto.

No habían probado nada de comida hasta ese entonces, por lo que decidieron hacer una breve parada para hacerlo y tomar un descanso.

Sus caras lo decían todo, pero entre ellos hacían comentarios de chistes para no decaer.

Pero tenían que continuar con el rumbo. Llegó la noche del sábado y las fuerzas ya no eran las mismas, los remos parecían pesar más y los movimientos eran más lentos. En algunas manos comenzaban a brotar ampollas.

Solo veían agua y oscuridad. Tan pronto amaneció y ya era domingo 4, ya podían oler su destino, luego de varias horas de viaje.

Bajo el fuerte sol, con sed, y con hambre, remaron hasta más no poder. Esa tarde no la olvidarán jamás. Esa tarde pudieron ver lo que tanto anhelaron hace algunas horas, ese puerto de Volcán que parecía ser inalcanzable. Lo lograron.

Finalmente estuvieron en la capital del Delta. Bastó una semana para comprar algo de alimentos, lo que pudieron costear con sus quincenas que tenían en sus cuentas desde algunos meses.

Este domingo 11, tenían que retornar a su tierra Araguaimujo con la poca comida que pudieron reunir. Así fue. Nuevamente para encontrarse con las calamidades del viaje y la de su comunidad.

Quizá pudo haber sido el viaje de sus vidas, ellos pudieron cumplir con lo previsto, viajar hasta Tucupita en curiara y canalete para buscar comida y algunas medicinas. Es la verdadera resistencia del warao hoy en día.

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