Martha Rodríguez fue luz y esperanza: A una semana de su partida física, deltanos aún la recuerdan

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La doctora Martha Rodríguez dejó de existir en el mundo terrenal, el pasado miércoles 26 de agosto. Sin embargo, sus buenas obras siempre quedarán en los recuerdos de quienes pudieron conocerla.

Tal es el caso de Johan Ramos, un joven defensor y emprendedor de la cultura warao en Delta Amacuro. Él ha querido recordar y expresar apenas una parte de lo que en vida fue, Martha Rodríguez.

Palabras textuales de Johan Ramos sobre la doctora Rodríguez

La doctora Martha Rodríguez es ejemplo de entrega, dedicación y, sobre todo, amor al servicio y vocación.

La doctora Martha Rodríguez para muchos que la conocimos fue un ser humano excepcional, en el buen sentido de que más allá de tener una profesión y, más allá de ser médico, fue también servicial.

Lo más bonito que la doctora Martha Rodríguez nos dejó fue, recordar siempre de dónde vinimos y adónde vamos. Ella es gran ejemplo de fidelidad a lo que ella dijo en aquél juramento de salvar vidas.

Ser médico es una profesión hermosa. Ser médico es una profesión de entrega, de paciencia, de trasnochos, pero sobre todo, de felicidad para aquél que en verdad siente ese llamado y esa vocación de prestar su servicio a través de la salud.

Martha Rodríguez era una mujer que más allá de ofrecer una consulta, era una persona de conversar, y que te inspiraba confianza en el buen sentido, porque te daba opciones de dónde podías acudir a un médico o dónde llegar, o dónde te podían cobrar menos.

Martha simplemente se preocupaba de que el paciente recibiera una atención médica, pero, viendo la situación del país, ofreció siempre buscar oportunidades más allá del costo.

Creo que más allá del ingreso que pudiera tener un médico, más allá de lo que el médico pudiera cobrar, Martha es un ejemplo para todos los médicos de Tucupita porque nunca le importó ver también, qué ingreso tenía o cuánto era la consulta. A veces ella se dedicaba más a su servicio, a la consulta, a atender pacientes, sin preocuparse de de que si cobraba o no.

Esa era Martha Rodríguez, una doctora que te veía y te saludaba. Ella siempre dio luz y esperanza a sus pacientes. Una doctora muy cercana, que te preguntaba cómo estás, y en este tiempo de pandemia, definitivamente Martha, aunque se haya ido, seguirá siendo un ejemplo de vocación y servicio.

Esa era Martha Rodríguez.

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